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INTRODUCCIÓN A HISPANOAMÉRICA:
Breve repaso y tutorial para estudiantes de español
 (nivel intermedio)
   


 LOS QUE LLEGARON (LA CONQUISTA)
 

LISTA DE LECTURAS
(Pulsa sobre los títulos en rojo para ir al texto indicado.)

RB Introducción
RB América, descubrimiento, diálogo
RB El descubrimiento de América que todavía no fue
RB Tipos sociales de la conquista:  Los conquistadores
RB Tipos sociales de la conquista:  Los misioneros
RB Fray Bartolomé de las Casas (1484-1566)
RB De la alegre y liviana carabela
RB Habla un soldado de la conquista

Cuando hayas terminado todas las lecturas puedes completar los ejercicios de repaso.  Hay dos:



Introducción


Para muchos la historia de América comienza con la llegada de Cristóbal Colón el día de la Fiesta de la Virgen del Pilar, un 12 de octubre de 1492. Se le atribuye a uno de los marineros, Rodrigo de Triana, el haber visto tierra americana por primera vez.  Al día siguiente hombres europeos desembarcaron en una pequeña isla que los indígenas llamaban Guanahaní y a la cual los españoles pusieron el nombre de San Salvador.

Este primer encuentro pacífico dará lugar a un siglo de conflicto que para muchos de los pueblos autóctonos significó el exterminio o la marginación total de la sociedad que vino a establecerse en las tierras de sus antepasados.  Los textos que siguen te darán una oportunidad de ver el encuentro de América desde otras perspectivas y desde otra realidad no siempre correspondiente a la visión idealizada de la diseminación de civilización y religión por hombres de espíritu noble y bondadoso.

Junto con los diarios y las crónicas que se jactan de conquistas y riquezas se encuentran los primeros textos que contemplan cuestiones éticas y morales como  la Brevísima relación de la destruición de las Indias (1521) de Fray Bartolomé de las Casas.


América, descubrimiento, diálogo


Madrid, París, Venecia, Florencia, Roma, Nápoles y Atenas fueron descubiertas en 1955 por mí (que en 1947 ya había descubierto Nueva York), y en 1956 descubrí también Londres, Amberes y Bruselas.  Sin embargo, fuera de unos pocos de mis poemas y cartas, no he encontrado ningún otro texto en que se hable de tan interesantes descubrimientos.  Supongo que ha pesado a favor de este silencio clamoroso el hecho de que cuando llegué por primera vez a esas ilustres ciudades ya había bastante gente en ellas.  Un razonamiento similar me ha impedido siempre aceptar que la llegada, hará pronto cinco siglos, de unos cuantos europeos al continente en que nací y vivo sea llamada pomposamente "Descubrimiento de América."  Tanto más cuanto que al ocurrir esa llegada (accidental), las dos ciudades más pobladas que había entonces en el planeta, según dijo el poeta mexicano Carlos Pellicer, eran Tenochtitlán (hoy México D.F.) y Pekín (hoy Beijín).  Según lo que sé, ninguna de las dos estaba ni está en Europa. 

. . . .   El único verdadero descubrimiento de este continente fue hecho por los hombres que hace decenas de miles de años entraron en él provenientes de Asia.  Tampoco es aceptable que hubiera dos descubrimientos:  uno hecho por ellos, y otro por los vikingos o, lo que es más frecuente escuchar, por Colón y los suyos.  Ni los vikingos ni Colón, por cierto, tuvieron conciencia de haber llegado al continente que iba a ser llamado América.  Parece que esa conciencia le corresponde a Vespucio, quien, voluntaria o involuntariamente, dio su nombre a lo que también iba a ser llamado "Nuevo Mundo."  En todo caso, como es bien sabido, lo verdaderamente relevante fue la inmensa trascendencia que el viaje de 1492 iba a tener para la humanidad toda.  Pero decir, como todavía repiten algunos, que se trató de la llegada de la civilización, es un disparate, cuando no una desvergüenza.  A no ser que se diga a la luz de las terribles palabras de José Martí cuando en 1877 habló de aquel hecho como del arribo de una "civilización devastadora:  dos palabras que, siendo un antagonismo, constituyen un proceso."  Las grandes culturas, maya, azteca e inca, y las otras en vías de desarrollo que había en el continente fueron, en efecto, salvajemente devastadas como consecuencia de aquella llegada.  Y muchísimos aborígenes, como los que habitaban mi país, Cuba, fueron extinguidos.  Por lo que es una cruel manifestación de humor negro decir que la llegada de los españoles y la ulterior conquista significó para ellos, que no quedaron ni dejaron descendientes para contarlo, el arribo de la civilización. 

 Roberto Fernández Retamar (Cuba) 
 Artículo publicado en el Nuevo Amanecer Cultural, diario de Managua 

El descubrimiento de América que todavía no fue 
Ya se ha dicho que en 1492 América fue invadida y no descubierta, porque previamente la habían descubierto, muchos miles de años antes, los indios que la habitaban.  Pero también se podría decir que América no fue descubierta en 1492 porque quienes la invadieron no supieron, o no pudieron, verla. 

Sí, la vio Gonzalo Guerrero, el conquistador conquistado, y por haberla visto murió de muerte matada.  Sí, la vieron algunos profetas, como Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga o Bernardino de Sahagún, y por haberla visto la amaron y fueron condenados a la soledad.  Pero no vieron América los frailes, los notarios y los mercaderes que vinieron en busca de veloz fortuna y que impusieron su religión y su cultura como verdades únicas y obligatorias.  El cristianismo, nacido entre oprimidos de un imperio, se había vuelto instrumento de opresión a manos de otro imperio que entraba en la historia a paso avasallante.  No había, no podía haber otras religiones, sino supersticiones e idolatrías; toda otra cultura era mera ignorancia.  Dios y el Hombre habitaban Europa; en el Nuevo Mundo moraban los demonios y los monos.  El Día de la Raza inauguró un ciclo de racismo que América padece todavía, los que ignoran que allá por 1537 el Papa decretó que los indios estaban dotados de alma y razón. 

Ninguna empresa imperial, ni las de antes ni las de ahora, descubre.  La aventura de la usurpación y el despojo no descubre; encubre.  No revela:  esconde.  Para realizarse, necesita coartadas ideológicas que convierten la arbitrariedad en derecho. 

En un trabajo reciente, Miguel Rojas-Mix advertía que Atahualpa fue condenado por Pizarro porque era culpable del delito de ser otro o, lisa y llanamente, culpable de ser.  La voracidad de oro y plata requería una máscara que la ocultura; y así Atahualpa resultó acusado de idolatría, poligamia e incesto, lo que equivalía a condenarlo por practicar una cultura diferente.   

Eduardo Galeano (Uruguay, 1940-), Nosotros decimos No


De la alegre y liviana carabela

"Painting of Promontory of Florida" 1492: An Ongoing Voyage Exhibition, Library of Congress.
  . . . . Venir a América no era programa para viejos.  Juan B. Terán hace esta oportuna observación en su libro sobre el nacimiento de la América española:  "Cortés tenía 19 años cuando embarcó para América y apenas 13 Cieza de León; Gonzalo de Sandoval, capitán de Cortés, 22 años, y Andrés de Tapia 24; Lope de Aguirre,
muerto a los 50 años, había pasado la mitad de su vida en América." Cuántas veces en los muelles de Cádiz no dirían los hombres maduros al ver que partían las naves para América:  "¡Qué muchachos más locos!"

Esos muchachos habían dado comienzo a la guerra de conquista en España.  Mejor dicho:  la conquista no ocurrió en América, sino en Granada o en Nápoles, en Orán, en Marruecos.  Lo que en Cádiz comenzaba -- se ha dicho -- era la Independencia.  El mozo que se embarcaba era el que quería libertarse, venir a estas tierras a gobernarse por su propia cuenta, eludir la justicia de España, meterse en estos laberintos de selvas y tierras incógnitas en donde pudiera levantar este estandarte, flamante y más que imperial, del mundo español:  el de la real gana.  Mientras la mujer que perdía a su novio o a su hombre desataba la lágrima en las riberas del Guadalquivir, el hombre que se despedía desde el puente pensaba:  "Haré lo que me dé la gana."

Germán Arciniegas, Este pueblo de América

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Habla un soldado de la conquista
Vine porque me pagaban 
y yo quería comprar espadas y mujeres. 
Vine porque me hablaron de montañas resplandecientes 
como un atardecer en el mar 
y por el oro con que me iba a vestir cuando volviera. 
Pero sólo encontré flechas envenenadas, 
humedad y mosquitos. 
Conocí el terror, noches sigilosas, 
indios vestidos con su belleza siniestra, 
la fuerza de una tierra que nos doblegó 
como la sed a los animales, 
y la móvil mortaja de la selva. 

A bordo alguien habló de "honor". 
A bordo hablaban y rezaban con lentas manos sobre libros de oro.
Con esas manos se ayudaron el grito y la desesperación; 
con esas manos escarbaron la tierra que nos iba a cubrir. 
Alguien habló de "historia" y de "futuro"; 
yo sólo pienso en lo que perdí. 
Creo que todo es igual,
las mentiras que nos dijeron y las verdades que encontramos. 
Siempre habrá tontos que vivirán de palabras, 
y siempre el mundo mezclará en la misma indiferencia 
la vida, que en el olvido crece, 
la gloria, que se arrastra, 
y la codicia laboriosa de la muerte. 

Jorge Calvetti (Argentina, 1918-), Libro de homenaje


NOTAS
Gonzalo Guerrero fue uno de dos sobrevientes del naufragio de un barco español en la costa de México en 1511.  Llegó al estado de Quintana Roo donde vivió entre los mayas.  Tomó como esposa a una mujer indígena y se le considera el padre del mestizaje en México.  Al llegar Cortés en 1519 él rehusó reunirse a los españoles para luchar contra los indios.  Murió acusado de traición.

Vasco de Quiroga (1470-1565) fue enviado a México como oidor (juez) de la Segunda Audiencia, encargado de investigar las acusaciones de maltrato de los indígenas.  Como reacción a los abusos que observó en la Nueva España se dedicó a mejorar la vida del indígena a través de la construcción de hospitales, la enseñanza de oficios y métodos agrícolas.  Su compasión por los indígenas no fue un sentimiento compartido por sus contemporáneos.
Bernardino de Sahagún (1499?-1590) llegó a la Ciudad de México desde la provincia española de León en 1529.  El convento de Xochimilco estaba a su cargo.  Un hombre naturalmente curioso, se interesó de inmediato por las novedades que presentaba México en cuanto a costumbres y lengua de los pueblos indígenas.  Se le considera el primer investigador científico, un precursor de la antropología moderna. Dejó documentadas sus investigaciones en la Historia general de las cosas de Nueva España (1566-1571).

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